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Microcosmos, Cosmos, Macrocosmos

El hombre de esta naturaleza posee una determinada concepción del mundo y del universo. Todo lo que puede percibir con sus más potentes telescopios, radioscopios y también todo el espacio insondable, pertenece al universo donde reina la muerte. Esto significa que pertenece a un estado en el que actúan totalmente las leyes naturales dialécticas que conocemos. Es un subir, brillar y descender. Un estado caracterizado por el vivir y morir, por cambios ininterrumpidos, con sus correspondientes causas y efectos. El Universo al que pertenecemos, y nuestro cosmos, son mantenidos por una ley electromagnética que actúa dentro de un grupo determinado de posibilidades, por las cuales se mantiene cohesionado e interdependiente todo el conjunto. Por lo tanto, la Tierra está influenciada por el Sistema Solar y por el Zodíaco. Siendo una unidad ella misma, es abarcada por una unidad mayor, y ésta de nuevo en otra todavía mayor, y así sucesivamente hasta que la totalidad del Universo puede contemplarse como unidad. "Como arriba así es abajo, como abajo así es arriba".

Una única idea sirve de fundamento para esta unidad universal. Y todo el conjunto es el efecto de esta idea. Una idea es y despierta una vibración que inflama la sustancia original, y muestra en ella una actividad y una manifestación. La actividad es el campo magnético; la expresión de ello es el universo que se manifiesta.

Por la idea fundamental se libera de una manera determinada hidrógeno, oxígeno, nitrógeno y carbono en relaciones recíprocas y se fuerza a los átomos a dividirse, acoplarse y agruparse para formar elementos. Indicábamos que la idea que sirve como fundamento a nuestro universo es no-divina. Esto puede reconocerse y demostrarse por la actividad y la manifestación de la idea. Piense en el tan nombrado equilibrio ecológico basado en la depredación de unos reinos sobre otros, lo que expresa una substancial falta del elemento amor.

Ya de esto se desprende que existe otro universo, que procede de otra idea, de una Idea Divina. Por consiguiente, ésta tiene otra actividad y otra manifestación, otras constantes etéricas y, por tanto, otra esencia totalmente distinta como principio y origen.

Este otro universo no necesita otro espacio sino sólo otra idea y por ello un campo magnético diferente. Dos campos magnéticos distintos pueden, en el mismo espacio, manifestarse de una forma diferente, sin que una manifestación perciba algo de la otra. Como mucho los dos campos pueden interferirse, pero sus criaturas no tienen nada en común.